La testosterona ha bajado un 54% desde 1972: qué explica el descenso y qué no

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La testosterona ha bajado un 54% desde 1972: qué explica el descenso y qué no

Entradilla. La testosterona total de los hombres ha caído un 54% desde 1972, según un hallazgo presentado en julio de 2026 en el Congreso 2026 de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), en Londres. El dato procede de un metaanálisis internacional —con participación española— que analiza casi cinco décadas de datos hormonales, y que sitúa el descenso de la testosterona no solo como sostenido, sino cada vez más rápido. En el mismo congreso, un segundo hallazgo español añadió una pieza más al mismo fenómeno: la calidad del semen varía de forma marcada según la región, sin que los hábitos de vida lo expliquen. Ambos son comunicaciones de congreso, con lo que eso implica sobre su nivel de evidencia hoy — un matiz que este artículo no oculta (ver «Los límites de este artículo»).

El hallazgo: el descenso de la testosterona alcanza el 54% desde 1972, y el ritmo se acelera

El equipo, con Hagai Levine (Universidad Hebrea-Hadassah) como último firmante, registró en PROSPERO —el registro internacional de revisiones sistemáticas— una revisión sobre cómo ha evolucionado la testosterona total, la testosterona libre y la SHBG a lo largo de casi cinco décadas. Cribaron 8.656 estudios. Solo doce cumplieron los criterios de calidad necesarios para entrar en el análisis: 40 puntos de datos, 102.334 hombres, siete países, entre 1972 y 2019. Entre los autores hay un nombre que ninguna de las noticias revisadas menciona: J. Mendiola, de la Universidad de Murcia. España forma parte de este metaanálisis internacional, junto con investigadores de Israel, Dinamarca, Brasil y Estados Unidos.

La cifra que ha recorrido la prensa internacional —un descenso acumulado del 54% desde 1972— resume un fenómeno que el propio resumen científico describe con más detalle: el descenso de la testosterona sigue un ritmo de caída anual que no es constante, sino que se acelera. La testosterona total cae 0,26 nmol/L cada año (intervalo de confianza del 95%: entre −0,37 y −0,16; p<0,0001); la libre, 4,13 pmol/L al año; la SHBG, 0,16 nmol/L al año. Antes de 2000, el descenso anual era de 0,17 nmol/L; después, de 0,33 — casi el doble. Un análisis de sensibilidad («leave-one-out», que repite el cálculo retirando un estudio cada vez) confirmó que el resultado no depende de uno solo de los doce.

El investigador principal, citado en la cobertura de la presentación, lo resumió así (traducción propia): «creo que tenemos una crisis grave en la salud reproductiva masculina, y actualmente no se le presta suficiente atención». Esta pieza declara, en la sección «Los límites de este artículo», de dónde procede exactamente la cifra del 54% y esta cita, y qué parte de la evidencia corresponde al resumen registrado y cuál a la cobertura de la presentación.

Un segundo hallazgo español: la calidad del semen también varía, y no por los hábitos

En el mismo congreso, otro dato añadió una pieza más al mismo rompecabezas. La investigadora Rocío Núñez-Calonge presentó un análisis de 386 hombres en evaluación de fertilidad, en 7 centros de reproducción asistida españoles, con datos de junio de 2024 a diciembre de 2025, comparando cuatro regiones (norte, sur, sureste y central). El hallazgo: la región norte registró consistentemente los parámetros más fuertes (concentración de 80,96 millones/ml, motilidad del 44,79%, total de espermatozoides móviles de 94,35 millones), frente a un desempeño más bajo en el resto —la región central llegó a 50,11 millones de espermatozoides móviles— y una astenozoospermia del 55,4% en el sur y 53,4% en el centro, frente al 23,9% en el norte. Núñez-Calonge lo resumió con una frase directa: «lo más notable fue que los parámetros de calidad seminal más fuertes se encontraron consistentemente en el norte de España» (traducción propia; presentación ESHRE 2026).

Conviene un matiz antes de seguir: este estudio mide calidad seminal (concentración, motilidad), no testosterona. Son dos marcadores distintos de salud reproductiva masculina, no el mismo dato leído dos veces. Lo que de verdad los conecta no es la cifra, sino el patrón: en ambos casos, los hábitos de vida declarados eran similares entre regiones, lo que aparta la explicación del terreno individual y la acerca al ambiental —entorno industrial, condiciones atmosféricas— más que a diferencias de comportamiento.

Por qué esto no se explica por un solo factor

Si la testosterona baja, la calidad seminal varía por región y ninguno de los dos hallazgos se explica del todo por sí solo, la pregunta lógica es qué los conecta. Una revisión sí revisada por pares, publicada este mismo año (Fraile-Martínez, Ortega y García-Montero, International Journal of Molecular Sciences, 2026), sitúa el descenso secular de la testosterona como un fenómeno multisistema —no una causa, varias, actuando a la vez:

  • Metabólico: la obesidad se asocia a niveles de testosterona hasta un 50% más bajos que en hombres con peso saludable; el sedentarismo (una tercera parte de la población mundial no alcanza el nivel mínimo recomendado de actividad física) y los patrones dietéticos con ultraprocesados y grasas trans son parte del mismo eslabón.
  • Sueño: la restricción de sueño reduce la testosterona diurna entre un 10% y un 15% en el corto plazo (ver el detalle de este mecanismo).
  • Ambiental: disruptores endocrinos (ftalatos, bisfenol A, PFAS, microplásticos) presentes en productos de uso cotidiano, con potencial para alterar el eje hormonal.
  • Farmacológico y clínico: ISRS, opioides, estatinas y glucocorticoides se asocian a testosterona más baja; también se ha descrito un papel de infecciones virales, en particular la COVID-19.

La revisión lo cierra sin dejar lugar a una causa única (traducción propia): «en conjunto, el descenso contemporáneo de la testosterona representa un problema de salud pública complejo y multifactorial que requiere abordajes integrados para preservar la salud hormonal y sistémica» (Fraile-Martínez et al., 2026).

Qué significa esto — y qué no significa

Quizá la forma más honesta de leer este hallazgo es esta: es una fotografía de una tendencia poblacional, no el retrato de ningún hombre en particular. Ninguno puede concluir su propio nivel de testosterona a partir de una media histórica de 50 años. La guía de la Endocrine Society (2018) y la guía europea de salud sexual y reproductiva (EAU SRH 2026) siguen exigiendo lo mismo de siempre para hablar de hipogonadismo en un caso concreto: síntomas compatibles y dos determinaciones matutinas de testosterona total. Una tendencia secular, por marcada que sea, no sustituye ese criterio.

Los límites de este artículo (y por qué merece la pena decirlos)

Los dos hallazgos centrales son comunicaciones de congreso (ESHRE 2026), no artículos ya publicados y revisados por pares en el momento de escribir esto; el estudio español tiene publicación anunciada en Human Reproduction. Y existe una discrepancia que este artículo prefiere declarar antes que disimular: el resumen registrado (PROSPERO, PRISMA) habla de 12 estudios, 102.334 hombres y siete países, con descensos anuales medidos en nmol/L e intervalos de confianza; la prensa internacional habla de 6 estudios, 118.593 hombres, cinco países nombrados y un 54% acumulado. No ha sido posible reconciliar numéricamente ambas versiones con las fuentes disponibles hoy. Es posible que la cifra del 54% proceda de un cálculo adicional, expuesto de forma oral y nunca trasladado al resumen escrito —pero este artículo no puede confirmarlo, y prefiere decir «no lo sabemos» a rellenar el hueco por conjetura.

El propio resumen científico reconoce, además, sus propios límites: la concentración geográfica de los datos en países de renta alta, y el posible efecto de confusión de diferencias poblacionales —como el índice de masa corporal— sin cuantificar cuánto explican. La misma prudencia aplica a la estimación —también solo de prensa— de que la obesidad y el síndrome metabólico explicarían entre una cuarta parte y la mitad del descenso: el resumen ni siquiera la menciona. Y conviene repetirlo una vez más: el estudio de calidad seminal mide un marcador distinto de la testosterona, no el mismo dato contado dos veces. Nada de lo descrito aquí sustituye una valoración médica individual.

En resumen

El descenso de la testosterona alcanza un 54% desde 1972, según el hallazgo central presentado en el Congreso ESHRE 2026 —un metaanálisis internacional, con participación española, que registra además un descenso anual sostenido y cada vez más rápido—. En el mismo congreso, un segundo hallazgo detectó una variación regional marcada en la calidad seminal española. Ambos señalan en la misma dirección sistémica: obesidad, sedentarismo, sueño insuficiente y exposición ambiental como piezas de un mismo fenómeno de salud reproductiva masculina. Son comunicaciones de congreso —con los límites de evidencia que eso implica, detallados arriba— y ninguno sustituye una valoración individual. Pero juntos señalan un terreno que la salud hormonal masculina ya no puede seguir tratando como anecdótico.

Preguntas frecuentes

¿Qué provoca la falta de testosterona en el hombre?

Es multifactorial: obesidad y síndrome metabólico, sedentarismo, sueño insuficiente, exposición a disruptores endocrinos ambientales, ciertos fármacos (ISRS, opioides, estatinas, glucocorticoides) e infecciones virales se describen como factores asociados. Ningún factor aislado explica la totalidad del descenso observado a nivel poblacional.

¿Qué síntomas tiene un hombre cuando le falta testosterona?

Los síntomas descritos por las guías —fatiga, cambios del ánimo, pérdida de masa muscular, cambios en la respuesta sexual— son inespecíficos y se solapan con otros cuadros. Por eso el diagnóstico individual exige confirmación analítica repetida, no solo síntomas.

¿Un descenso poblacional de testosterona significa que cualquier hombre tiene el nivel bajo?

No. El descenso de la testosterona documentado es una media histórica sobre grandes poblaciones a lo largo de 47 años; no permite inferir el nivel de un hombre concreto. La valoración individual sigue exigiendo síntomas compatibles y dos determinaciones matutinas de testosterona total, según la Endocrine Society (2018) y la EAU SRH 2026.

Lecturas relacionadas

Una tendencia poblacional no sustituye una analítica individual interpretada por un profesional. En Clínicas The Test ese es el punto de partida.
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Fuentes

  1. Levy A, Hansen LS, Abu Ahmad W, Jørgensen N, Mendiola J, Martino-Andrade A, Martin L, Swan SH, Levine H. Temporal trends in total and free testosterone (1972-2019): a systematic review and meta-trend analysis. Human Reproduction. 2026;41(Suppl 1):i138-i139. Abstract citation ID deag083.202 (L26/O-204), 42º Congreso Anual de la ESHRE — comunicación de congreso registrada en PROSPERO, no artículo completo publicado en el momento de escribir esto. La cifra de «54% acumulado desde 1972» y la cita del investigador proceden de la cobertura de prensa internacional de esta misma presentación, no del resumen científico registrado, que reporta en su lugar tasas de descenso anual (ver cuerpo del artículo).
  2. Núñez-Calonge R, et al. Does male lifestyle influence geographical differences in sperm parameters? Presentación, 42º Congreso Anual de la ESHRE, 2026 — publicación anunciada en Human Reproduction.
  3. Fraile-Martínez Ó, Ortega MA, García-Montero C. Understanding the Secular Decline in Testosterone: Mechanisms, Consequences, and Clinical Perspectives. Int J Mol Sci. 2026;27(2):692. doi.org
  4. Bhasin S, et al. Testosterone Therapy in Men With Hypogonadism: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2018;103(5):1715-1744. doi.org
  5. European Association of Urology. EAU Guidelines on Sexual and Reproductive Health 2026 (§3 Hipogonadismo masculino). uroweb.org
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